24 julio, 2011

Las noches de Amy






Aún recuerdo la filosa espada de tus tacones
cortando la densidad del vacío
en las frías calles de Londres.
Amanecías frente al bar más triste.
Nadie sabía que eras tú, Winehouse.
Nadie sabía que en tu boca
aparcaba el ángel de Dinah Washington,
que a tus pulmones iba a buscar el azul
el pincel de todos los tatuajes,
que en tus ojos de egipcia
se derramaba el tinte de la noche.

Ha pasado tiempo de eso, Amy,
pero sigues fumando largamente,
maga del opio, De Quincey fotografiada sin ropa,
corres hacia ti, sorprendida de tu cuerpo,
como si fueras sólo un traje, una esfera abstracta,
un recodo de esa otra tú que circula,
ingenua e invisible, columpiándose en el límite.

Lo sabes, cada vez mueres un poco,
y enhebras con tu filosa espada
el último grito de Kurt Cobain en la bañera,
el arañazo finísimo de Janis Joplin en la pared.

Me arrodillo en tu zapato que está sucio y cubierto de escamas.
Pez inédito, solitaria del corazón, mantis religiosa,
masticas despacio cada pedazo de música.
El chicle del horizonte se desvela en el taxista que te vio nacer,
las calles de Londres se desfiguran,
tu madre abre las puertas oblicuas de una farmacia minúscula,
y a ti te detienen por iluminar desnuda un hotel de Noruega.

Quisiera pedirte que no mueras tanto, novicia eléctrica.
Quisiera saber que no morirás, vino oculto,
blues de las moras, sangre de las uvas, licor de la tierra.
Quisiera pedirte, casa de la voz, daga del vacío.
No mueras, no mueras, no mueras.


mayo de 2010

4 comentarios:

alkerme dijo...

Ya no habrá más noches...

Saludos,

Sonia Betancort dijo...

Si, qué triste, Alkerme, tal vez está en todas las noches... Un abrazo fuerte!

ADÁN DE MARÍASS dijo...

Me encantó el poema de una de mis cantantes favoritas.

Sonia Betancort dijo...

Gracias, Adán, también para mí. Amy era brillate!