11 noviembre, 2011

Instrucciones para descubrir a la mujer en el zapato





El zapato es un mapa.
Recorra aquel de la mujer que ama
y encontrará allí
la obertura de su opereta más triste.

El zapato es inmortal,
déjelo caer por la ventana de la mujer que odia
y lo verá levantarse victorioso
como un gato amaestrado.

El zapato es siempre descabellado y absurdo,
a la usura del paso propone una quietud en movimiento,
la evasión de una yaga,
la armadura de un palacio de cristal.

Si escuchó los pasos de ella en el pasillo,
sabe que todo zapato
esconde un instrumento musical.
Visto de cerca el zapato rememora un arpa,
desmembrado es un violín,
la cuerda más sexual de la guitarra,
el tacón punta tacón.

Ave Fénix de la infancia,
el zapato es una erotización del recuerdo,
la irrealidad de ver por primera vez los pies de la madre,
la constatación de nuestra primera soledad en el mundo.

Miro mis botas hinchadas por la lluvia
mis viejos zapatitos de charol
mis mocasines para jugar en el patio
mis agujas de vértigo
mis sandalias de Brasil.

El zapato es mi ruta de viaje.
El zapato es mi mapa mudo,
la geografía
de mi cuerpo celeste.

6 comentarios:

Antonio Porpetta dijo...

No te conocía. Y por casualidad me he encontrado con tu blog. Tus poemas me parecen formidables, plenos de sensibilidad y sabiduría poética. Te seguiré de cerca.
Un beso desde Madrid, colega.

Sonia Betancort dijo...

Muchísimas gracias, Antonio. Me emocionan mucho tus palabras, admiro mucho tu obra. Un abrazo grande grande, maestro!

martuki dijo...

Pues te olvidaste de mis zapatillas de futbol desgastadas y viejas que nunca tiraré porque me enseñaron la libertad de ir contra el mundo ^^ que bonito columpia!

r.e.c. dijo...

Había nacido con zapatos. Rojos, finos, de taco alto,
que fueron la desesperación de todos los que vivimos juntos
en aquel tiempo.
Y en la cara tenía varias dentaduras, y lentes celestes como
el fuego.
Al pasar, por la tarde, parecía el ángel de la devoración con
pie punzó.
Mas, en realidad, amó la luz solar. Comía guindas, llevándose
una a cada boca.
Y sentía temor y amor hacia el Maestro Tigre que llegaba
en la noche a buscar doncellas.
Y nunca la eligió.


Marosa di Giorgio


Tus poemas con zapatos, Sonia, llaman siempre a otros zapatos con poemas. Gracias, siempre.
Y los tigres, claro.

Sonia Betancort dijo...

Gracias, cronocolumpia!!!!! Ya me pasarás tu poema de las zapatillas revolucionarias!!!

Sonia Betancort dijo...

Gracias r.e.c, qué maravillosa es Marosa di Giorgio, verdad? Qué buen poema! Un abrazo grande grande calzada con botas de siete leguas!!!