16 abril, 2016

DEL SILENCIO, RESONANCIAS - EXPOSICIÓN DÍA DE LA POESÍA 2016 -UNIVERSIDAD COMPLUTENSE DE MADRID

TRABAJO DE ESCRITURA DE UN POEMA INSPIRADO EN UNA FOTOGRAFÍA
 
 
 
 
 
Tormenta muda
 
 
Me borró tu soledad.
Desaparecí de los cuentos,
del mar, de las habitaciones.
 
Somos apenas un piano y una silla.
En el océano de la alfombra
se despereza una ballena,
su boca, dentadura de música,
paraliza tu butaca de dientes de leche,
la ansiada altura de las rodillas de mamá.
 
Somos dos invenciones lisas y perfectas,
dos soldados de madera, heridos,
el apacible grito de dos árboles,
el latido blanco de unas manos tatuadas,
la temperatura de dos animales muertos.
 
Me borró tu cabeza trenzada
contra el techo de no sé qué
felicidad rota.
Me borraron tus pies marítimos,
sus huellas serenas,
galápagos de una zancadilla contra el aire.
Me borró el violín de tu espalda,
sus cuerdas suaves, el amor de Man Ray.
 
Y a pesar de no estar contigo,
de ser una omisión, la raza imposible
de un recuerdo inventado,
sé que en el vacío de esta separación,
lo que enmudece, canta.
Algo que tú no quieres escuchar
y que el universo no puede evitar decirte.
                          
¿Lo oyes?
Este borrón es una tormenta muda,
una insistente melodía en la cabeza,
el sonido de dos huesos que se buscan,
un arma cuya presencia dispara en otro mundo,
una puerta a la que golpean
pero está abierta y el golpe no se ve:
Knock-knock-knockin' on heaven's door.
 
 
 
Sonia Betancort,
Madrid, 21 de marzo de 2016


09 octubre, 2014

PARA VER LA LLANURA



Eros feroz de la naturaleza





 


He visto a la cría del pez globo
devorar los ojos de su madre
en un arrecife ciego. Vi
a la lluvia torrencial, saliva
sin corazón, atravesar
el tronco de un árbol,
vi el cuerpo mínimo
del niño que al instante moría.


La respiración del alevoso huracán
enterró puertas y ventanas,
nada podía contra el ogro arrasador,
piernas y brazos saltaron por los aires
como esculturas blandas, pedazos
de una ilustración breve,
confeti de carne y huesos.


El velero y su puerto expectante
y aquel océano envenenado
que con aliento inclemente
masticó velas y quillas.
No hubo llegada,
ni costa, ni litoral.
La húmeda soledad escupía
sus piezas muertas en el agua
y señalaba, al compás de los tiburones,
la indiferente aurora.


En la noche de extremo calor
el fuego fortuito y desbocado
atravesó las vigas,
aniquiló en minutos
muebles y objetos
que se pegaron a los cuerpos incendiados
como naipes de ceniza.
El olor a piel quemada era insoportable
y los gritos de la casa
habitaron para siempre
aquellas colinas de niebla espesa.


El león tenía hambre,
se abalanzó sobre el recién nacido elefante
atrayendo a su manada,
ya eran tres leones succionando el cuello de la cría,
lo lamían, se atragantaban,
inmovilizaban su sangre entre los dientes.
Atardecía mientras la carne despedazada
animaba el desafinado coro de las águilas.

A kilómetros
la impresionante anaconda atrapó en el agua
las patas de una yegua,
el alarido deformado de la potra
estallaba al anochecer.
El cuerpo del reptil,
hinchado por las tripas de la cabalgadura,
parecía una fosa de huesos,
una boca descomunal sobre el mundo.
En el cielo quedó suspendida
la posibilidad de una carrera loca,
malditas las alas de Pegaso.


Insectos devorando a mi perrita muerta,
volcanes arrasando pinares y olivos,
el ciclo moribundo del glaciar.
Es el eros de la naturaleza,
retorno de las leyes más sombrías del deseo,
un meteoro impredecible
cuya belleza —amable declive— no evita
la oscuridad del mundo.


En nosotros, en cambio, la avidez es otra cosa.
Es más violento, sí, y estúpido, vernos
destruir por egoísmo.

31 julio, 2014

Perfección de los sueños que no corrige la realidad


 

Hay muchos muertos que callan a 20.000 kilómetros de aquí.

JUAN GELMAN, Gaza


 

Estoy sumergida en el sueño. Me abro paso en una guerra. Los tobillos de la batalla son delgadísimos y están clavados en el desierto como espantapájaros de aves metálicas. Los oídos confunden el chirrido del óxido con los pasos de un huésped que se odia. La frontera desangra sus límites y justifica hasta el hartazgo. Pero un día se cansa de justificar y la codicia saca su capote para comenzar su juego de tauromaquia sucia.

Estoy aquí, en una ciudad elevada en su epicentro, con sus calles australes y sus bocinas roncas. Pero sueño que estoy allí, en mitad de esa guerra lejana. Una lluvia de fuegos reales cae a la altura de los pies de mi madre y de mi hermano. Quiero correr hacia el flanco del cielo donde todo esté ordenado y el azul devuelva un marco de futuro a su espejo. Correr hacia mí misma, sin andar de cuclillas bajo las mesas, repasando el cartón duro del pan que comeré cuando la pared que me observa deje de temblar. Me encuentro con una mujer, su negra silueta intenta ordenar los huesos de un niño, su mirada en llamas amasa la cintura derribada del horizonte. Ando entre cuerpos, pisando pequeñas almas que salen de sí hacia el fusil, como atrapadas por el irrechazable destino de un imán. Me vacío de la historia, de la memoria, de la infancia. Y llego a los sueños, a la mente de alguien lejano que está perfeccionándolos, que me ve heroica y viva como un astro. Sin embargo, no hay consuelo. La realidad sigue siendo la misma, nada la corrige. Ni siquiera yo, desnuda frente a los ojos del hombre que acaba de matarme.

02 mayo, 2014

Mapa de las manos


 
 
 
 

Tan cerca que tu mano sobre mi pecho es mía

Pablo Neruda

 
En la yema de los dedos
guardas el secreto
de un océano impresionista.
Se divisan Oriente y Occidente
en las manos que saludan
desde tu abrazo azul.
¿Cuántas manos caben
en cada una de las manos?

La mano que acaricia es suave
como la lengua de las tortugas,
sonríe en los dientes del girasol,
ablanda el universo de nuestras superficies lisas.
La mano que se enfrenta, corrompe,  
discute su autoestima de señal de tráfico,
mano difícil en su terca opinión,
dedo que señala la luna de las inquisiciones,
tan tierna y absurda, sin embargo,
en la superposición de las heridas.
 
¿Y las manos para el amor? 
Son estas de huella táctil
que buscan contentarte,
arrastrarte del miedo,
sumarte al grito de la felicidad.
Se apoyan en ti o en mí, geishas de nosotros,
y hacen del placer su trabajo nocturno,
futurólogas sin ropa, strippers con tatuaje.
 
Manos mías que en tu pecho son tuyas,
se desvanecen de mí o ya antes eran tus manos.
Manos tuyas que al girar la vida hacia otro lado son mías,
manos que desconocen a qué cuerpo van,
manos que ya no saben a qué cuerpo pertenecen.






16 febrero, 2014

TANTO YO PODRÍA






Si juntaras para mí todas tus edades,
si olieras a pan, a lo caliente,
a ese último verso desnudo
con que me degollarás a pleno sol.
Si dejaras salir mi corazón por la garganta
como un coágulo enloquecido,
rabia mía, grito callado,
cómo no querría entonces
regalarte de mi sexo la mejor sonrisa.


Pero si me comieras el corazón,
si tú me comieras el corazón
y sólo en la extremidad de tu lengua pudiera verlo.
Si no mordiera el polvo sin cabeza
ni animales pasajeros a los que tanteo de rodillas
se enamoraran de mí,
yo iría derramándome por el borde más largo de tu calle,
y no sería este chiste mal contado,
esta torpe abreviatura del deseo, esta homeless de la vida.


Si quedara anclada a la inmensidad del tablero,
atrapada en el pulmón deforme de este juego de contrarios.
Si poniéndole alas a la espera ya no ondease el futuro.
Si la inocencia, aliada de los ciegos,
pudiera acomodarse en el fondo.
Si la imaginación mintiera en el tacto
y no vinieras a mí cantando con hachas y clavos
ese poema loco con que seduces a la desilusión y la ironía. 


Si te comieras mi corazón,
si tú te comieras mi corazón,
yo tocaría fascinada tu boca enfurecida,
tu mirada explotaría como un fuego roto
encima de mi cuerpo tibio,
los golpes de tu cabalgadura
aullando en el espejo,
montada sobre ti, vaciándome,
vaciándote, mirándonos la espesa aurora.
Junto a gatos y langostas lamería 
la leche fresca del suelo,
sembraría un bosque de océanos en tu regazo
y volvería a encontrar mi corazón
que tú te comerías poco a poco,
enamorado de sus fibras,
masticando su color abierto.


Si tú me comieras el corazón
tal vez yo podría amarte
tanto.