
Detalle de "El jardín de las delicias", El Bosco
Camino por mi reflejo.
Voy exhumando
la llama roja con que mi sangre
dibuja un dromedario.
Abrazo los designios de mi tempestad.
Encorvada y dulce demuestro
que el tigre deambula por mis ojos,
lame despacio un beso lleno de saliva.
No sé a dónde voy
pero sé que te necesito,
y en esa manera de buscarte
hallo el agua con que me atraganto
para seguir a las medusas.
Manipulo las llaves de la jaula,
más abajo, por favor, dice
la cerradura del antílope.
Retraso el crecimiento
de las pestañas de ese ojo colosal,
abro una puerta llena de gatos.
Has fecundado a la abeja,
a la gallina más sucia,
a la reina del corral.
La llama roja de mi sangre
abandona al dromedario
y localiza una tortuga minúscula,
que esconde mis huevos
en una playa de piedra.
La serpiente merodea en un brazo, y otro,
con el que intenta congelar mi respiración,
la tuya, abierta como un océano.
No sé de dónde vengo,
pero sé que ya no te necesito.
Y en esa manera de huir de ti
revientan cientos de peces
cansados de devorar,
ferozmente, mi corazón.



