17 marzo, 2009

La sonrisa de Audrey Hepburn





Tenía dos enormes mariposas en los ojos y soñaba con ser bailarina. Sus inevitables pies desangraban el suelo de madera de una vieja academia de baile de Arnhem, mientras las tropas nazis trazaban el terror de miles de cuerpos irrecuperables. Quería ser bailarina. Con las piernas heridas pulsaba el aire sobre una alfombra de escombros, mientras un gramófono de manivela reproducía la Serenade de Moszkkowski. Sus ojos, gigantes palomas nubladas, desconocían el paradero de su infancia porque tal vez su infancia la desconocía. Sus pupilas poliédricas organizaban reuniones secretas que rompían el silencio impuesto por el dictador agonizante. Bailaba para la resistencia, inmersa en el desamparo de la Segunda Guerra.
Audrey Hepburn fue una refugiada, el olvido de un padre insatisfecho y ajeno, el insostenible y silencioso encierro de una víctima de guerra, la severidad de una madre mutilada por el amor. Una tarde vio el hambre barrer las escaleras de su mansión abandonada, y vio a los soldados llevarse a mujeres que parían al borde del camino, y vio ahorcada la ilusión de su cuello de cisne marchito bajo un camión infranqueable, y vio retorcerse el cuerpo de sus seres queridos bajo las tripas del horizonte. Audrey Hepburn ya entonces vio la muerte de cerca, como la ven los niños y los ancianos, más perplejos en su nacer.
Quería ser bailarina y fue modelo, diseñadora de sombreros que recolectaba en la calle, vendedora de cosméticos en los salones de belleza de Londres, azafata, florista, corista en High Button Shoes.

Pero un día Audrey Hepburn se convirtió en Audrey Hepburn. Nadie sabía de qué suburbio o calzada de Europa había roto el fuego aquella divinidad, pero al verla encender el corazón de cientos de espectadores de mil novecientos cuarenta y tantos, nadie ignoraba que aquella muchacha de ojos precisos, custodiados por dos enormes camellos incandescentes, sería desde entonces la envidiada por el coro de cualquier espectáculo de Broadway.
Audrey Hepburn encarnaría en un instante la constatación de que un minúsculo cambio del destino encierra una cadena imparable de sucesos en el universo. Audrey Hepburn lograría una reproducción de la alquimia, ese mágico arte con el que los antiguos herméticos transmutaban los metales más simples en oro, la oscuridad en luz. Audrey Hepburn, que había visto la muerte de cerca, transformaría su lágrima caliente en una estrella imprescindible.
Sería así la princesa soñada en Roman Holiday (Vacaciones en Roma), envuelta en un fastuoso vestido blanco bajo el que su pie atinaba a buscar un zapato de cenicienta transfigurada. Sería la dulce y audaz Sabrina, que entonaba desde una ventana de París “la vie en rose”; la modelo de Fred Astaire, Una cara con ángel para el recuerdo de cualquier primer plano. Sería la religiosa que en una llanura africana afinaría la vida de una mujer con coraje; la imponente dama de la epopeya de Tolstoi; la musa de Givenchy, la primera en suspirar con perfume, L’interdit!; la primera en usar los capezio de calle; la inspiración de Ferragamo; la admirada de Truman Capote; la que desayunaba con diamantes y nicotina abrazada a un gato sin dueño; la encarnación de Lesbos junto a Shirley MacLaine en La calumnia; la que observaba a Cary Grant ducharse vestido en Charada; el objeto del deseo de Pigmalión, My fair lady.

Audrey Hepburn miraba el mundo a través de dos grandes ojos por los que pasaba un velero sin adiós. En esa mirada diáfana, de otro mundo, alternaba la reconciliación, el equilibrio que recompone la belleza. Así fue la mujer que amó y fue amada, la madre insospechada y valiente, la que trenzaba la brillante imaginación de sus hijos a la luz de una vela, la que abortó cinco veces y otra vez vio la muerte de cerca, desafiando sus ojos. La que fue en busca de su padre y perdonó, la que abrazó a su madre y calmó su pérdida, la que corrió hacia la historia que le había cambiado la vida en África. La que en el centro exacto de la desesperación llenó sus ojos de peces, haciendo de toda entrega una marea breve. La que amamantó a la desterrada Etiopía, la que besó los labios de Guatemala, del Salvador, de Venezuela, la que vacunó a cientos de niños desesperados en Turquía, la que acompañó a los rebeldes de Sudán, la que abatió con las arterias de su corazón la miseria de Bangladesh y Vietnam, la que salvó del abismo a un recién nacido de Somalia.

Al final de sus días, Audrey Hepburn leía El diario de Ana Frank mientras sonaba una sinfónica, y aquella era su historia. Cuando estaba a punto de morir recordó que su vida había sido el momento más feliz de su vida, y cuentan que de sus ojos volaron en equilibrio dos luciérnagas y un sol negro. Sí, Audrey Hepburn ha logrado deslumbrar al mundo con la profundidad de su belleza, porque quizás la belleza es eso que sucede más allá de lo visible, y acaso a su delgada figura acude a desmontarse el desacierto de la realidad. En la infinita mirada de la mujer más hermosa de la historia del cine había una fuente y un relámpago, el grito de un astro y la esperanza de un niño, viejos granos de arena acumulados contra su cuerpo enfermo, los tristes ojos de una muchacha aterrada que quería ser bailarina en una vieja academia de Arnhem. Pero sobre todo, detrás, muy atrás y mucho antes, había una sonrisa. Y era eterna la sonrisa de Audrey Hepburn.
HOY, 4 DE MAYO DE 2009, UN AMIGO POETA DE BRASIL ME HA RECORDADO QUE CELEBRAMOS LOS 80 AÑOS DEL NACIMIENTO DE AUDREY HEPBURN!!! FELICIDADES!!!! BRINDO POR ELLA Y POR SUS SEGUIDORES!!!

27 comentarios:

moderato_Dos_josef dijo...

Bellísima y merecida dedicatoria por una excelente y también bellísima escritora a una excelente y también bellísima artista. Audrey Hepburn la de los ojos grandiosos, la sonrisa eterna y la actuación delicada y preciosa en escena. Siempre me recordó a una amiga mía de la que me enamoré en mi juventud (ella era rubia) pero la dejé porque dentro, muy dentro de ella, había una tristeza que nunca supe descifrar, quizá era ese mismo desespero por arreglar las miserias de un mundo caótico, o tal vez su belleza nostálgica, nunca lo sabré. Ella, sigue siendo mi amiga, igual que Audrey lo fue de los millones de seguidores de que tuvo en el mundo a lo largo de su emocionante vida. La adoro, adoro a las dos; y siempre será así. Gracias por el post. Magnífico!

Julieta dijo...

Hermoso relato. Una mujer intensa. Hay algo además de la belleza que emerge a través de su sonrisa, hay misterio y eso es algo encantador. Único.

Saludos Sonia! Hermosa poesía y sonrisa! :)

El jardinero de las nubes dijo...

Una biografía nacida desde el sentimiento de la propia autora. Audrey de "Historia de una monja", "Desayuno con diamantes", "Sola en la oscuridad", "Robin y Marian". Es difícil que se vuelva a repetir la dulzura de su rostro.

Y es conmovedor que alguien tan joven como tú la recuerde con tanta elocuencia y cariño.

Un abrazo.

Sonia Betancort dijo...

Qué bonita historia Josef!!! Me alegra contribuir a su recuerdo. Un abrazo fuerte!!!

Sonia Betancort dijo...

Gracias Julieta. Es aboslutamente cierto lo que dices del misterio de Audrey, era un gran reina de la sugerencia. Un abrazo

Sonia Betancort dijo...

Gracias, jardinero. Es cierto que el rostro de Audrey tiene una dulzura irrepetible. Cómo disfruto estos comentarios vuestros que ven en ella algo que seguramente también tenéis cada uno de vosotros mismos. Un abrazo

Noray dijo...

Excelente actriz, sin lugar a dudas una de mis favoritas. ¡Qué belleza en "Desayuno con diamantes" o en "Vacaciones en Roma"! ¡Qué inmensa en "Sola en la oscuridad o en Guerra y paz"!

Por cierto la caracterización es más que excelente, es simplemente perfecta.

Un abrazo

Sonia Betancort dijo...

Gracias, Noray!!!! Un abrazo muy fuerte!

Máximo Ballester dijo...

Precioso homenaje/data poético le has dedicado a ese ángel maravilloso que fue y es Audrey Hepburn. Una divinura, una actriz esencial para la cinemateca mundial.
Me encantó!

Hace poco mi hija Agustina, que también ha leído a Ana Frank, me sorprendió: se había comprado una remera negra y en el centro, delicada y frágil, la imágen de Audrey brillaba como una caricia en la oscuridad.

Abandono la verguenza y el pudor para decirte que estás preciosa en tu caracterización de Audrey en la columna de la derecha. Me sorprendió mucho y gratamente.

Placer leerte. Y me voy porque estoy hecho un parlanchín hoy.

Un beso.

Sonia Betancort dijo...

Gracias, Máximo! Qué preciosa anécdota la de Agustina, lectora de Ana Frank, con Audrey emergiendo de su camiseta circular. Gracias, un abrazo muy muy fuerte para los dos!

walserillo dijo...

Se ha escrito mucho sobre Audrey, pero hoy nos traes, en tus palabras, una muestra más de su encanto indefinible, que también es el tuyo.

Abrazos

Sonia Betancort dijo...

Gracias Walserillo, un abrazo bien fuerte, con "moon river" de fondo.

alkerme dijo...

Precioso homenaje, gracias por compartirlo.

Besos

Sonia Betancort dijo...

Gracias a tí, alkerme. Un abrazo

Dédalus dijo...

Tú eres la primera que has sabido caracterizarte como ella, "abusando" de vuestro singular parecido. Siempre me pareció una preciosa y delicada muñeca... Por eso me ha gustado leer la glosa que le dedicas, en un texto que también le rinde un pequeño tributo.

Un abrazo, Audrey. Esto... Sonia.

Sonia Betancort dijo...

Gracias, Dédalus, qué halagador. un abrazo fuerte

Aldo Votto dijo...

Hola Sonia,

Un acaso 'internetico' me hizo saber que hoy - 4/5 - se celebran los ochenta años de nacimiento de Audrey.
Un reflejo inmediato me traje a tu blog en que había visto, pero no leído, el homenaje a ella, brillante como la inspiradora.
Abrazo,
Aldo
Curitiba/Brasil

Sonia Betancort dijo...

Gracias!!!! Aldo!!! Qué alegría saber de tí!!! Síii, hoy celebramos el nacimeinto de Audrey!!! Brindo contigo por la bella actriz!!! Abrazos

Aldo Votto dijo...

Sonia¡¡¡Alegría mía leerte!!!
Por una buena coincidencia estuve anoche con Ivan y Andrés intentando arreglar horarios para el nuevo ciclo de estudios.
Quizás un día pueda atreverme a traducir un poema tuyo...
¿Y tu? ¿Cuando vienes a Brasil otra vez? Estamos con saudades.
Abrazo,
Aldo
Curitiba/Brasil

Sonia Betancort dijo...

Aldo!!! Muchísimas gracias, me encantaría que tradujeras mis poemas... No sé cuando volveré a Brasil, pero te aseguro que no me faltan ganas de visitarlos. Qué bella palabra "saudade"! yo también estoy en ella, con vosotros, como con la nostalgia de abrazar nuevas y antiguas letras.
Un abrazo

arturo sodoma dijo...

Señorita: sí, sí es bella, demasiado, también escribe como los dioses( los anfibios, terrestres, páganos u oficiales),
verdad que sí por el mismo cielo.
Saludos, me gustaría conocerla más.
Mira que he visto que en España existe una revista que se llama Generación Espontánea, así se llama mi editorial aquí, les he pedido que trabajemos juntos. Ojalá se pueda hacer realidad.
Ciao.
Hermosa.
TU ADMIRADOR NÚMERO UNO:
Arturo Sodoma poeta-serpiente como tú: serpiente

Sonia Betancort dijo...

Gracias, arturo, cuánto piropo. Gracias, me ha encantado tu poesía. Un abrazo fuerte!!

Mónica López Bordón dijo...

Hola Sonia,

me ha encantado tu blog

Besos
Mónica

Sonia Betancort dijo...

Gracias, Mónica. A mí también me ha gustado mucho lo que haces. Un fuerte abrazo

PETER dijo...

Que lindo lo que escribes en tu blog; que linda es Audrey Hepburn, y que linda eres tú...te mando un beso.

PETER dijo...

Que lindo lo que escribiste; que linda es Audrey Hepburn, y que linda te ves caracterizada como ella. Muchos besos.

Sonia Betancort dijo...

Gracias, Peter! Un abrazo!