17 agosto, 2009

La playa de piedra






La Plaza Mayor de Salamanca fue
construida entre 1724 y 1755.
Se necesitó un mar de piedra dorada
para su terminación.




La Plaza Mayor es una inmensa playa de piedra. Miles de gotas y granos de arena solidificados proponen su asombro discursivo, se acoplan en la superficie, sobresalen en la incertidumbre de su porosidad.
Aves paralizadas cruzan la antorcha de ese mar petrificado, se mueven con lentitud, como si les pesara el cuerpo. Vuelan en fragmentos discontinuos y posan su eternidad en el color amarillo de los leopardos. Ellas son prueba de que en todo paisaje de roca se improvisa un tiempo detenido. Aquí no hay Libro de las Mutaciones. Heráclito revienta en mil pedazos y cae, como un león herido, en el centro del rectángulo empedrado.
Una voz de 1724 dibuja un plano y propone un horizonte. El horizonte de la playa de piedra. Todo horizonte ha de alzarse primero en un mapa. El mapa amanece pegado a un huevo en equilibrio, invocando el más allá en el más aquí, la historia del descubrimiento en el presente. La voz se diluye, como mordida por la belleza de su eco, retorcida por su páramo, asustada por su criatura. De la muerte de la voz pétrea surge la playa, su beso duro, su extensión ígnea, su reloj sedimentario.
En la playa de piedra la superficie permanece atada a su fondo mineral. El que la observa entra en una cueva, llevado por el juego de la espeleología. Platón concierta aquí sus vanidades, cruza la costa dorada en un camión de mercancías. Cientos de soportales encienden su termómetro rocoso. Es la hora de los refrigerios fríos y del chocolate caliente. La hora en que la playa de piedra dulcifica su aire con escarpadas sombrillas al sol. La hora en que proyecta un barco compacto, la navegación de una trayectoria inquebrantable. Entonces, no importa qué hay más allá de aquí. La playa invita a adentrarse. A aniquilar el afuera. Desorillarse. Regresar a la oruga, al paraíso de la cavidad.
La Plaza Mayor es un océano inmóvil medido entre dos acantilados de cielo. La Plaza Mayor escupe un oleaje concéntrico, marcado por el ritmo de un caballo de fuego sólido. La Plaza Mayor es mi playa de piedra. En la que nada es lo que se ve. Yo deambulo por su corteza como si esperara descubrir quién soy. Cuando baje la marea.


Plaza Mayor de Salamanca, 17 de agosto de 2009

13 comentarios:

Anónimo dijo...

una curiosidad, quien invento la playa, quiero decir, la plaza?

paula varela dijo...

creo que todos los lugares son propicios para "descubrir quién soy", pero intuyo que en ninguno de ellos está escondida esa sabiduría.

vos me entenderás amiga...

ayer caminaba por Rodriguez Peña y me acordaba tanto de vos...

¡Cómo te extraño!

Sonia Betancort dijo...

Hola Anónimo, aquí tienes un link para que leas más acerca de la plaza, su arquitecto e "inventor", y sus posteriores avatares. Un abrazo y gracias. http://es.wikipedia.org/wiki/Plaza_Mayor_de_Salamanca

Sonia Betancort dijo...

Mi querida Paula, hay lugares más propicios que otros para mecer nuestro idioma, para fijar nuestra esencia, verdad? y descubrirnos un día, "cuando baje la marea", en lo que no se ve de cualquier sitio impreciso, más o menos inventado, de nosotros mismos.
Tú también sabrás entenderme...
te adoro, poeta

doble visión dijo...

Para alguien que conoce la Plaza Mayor de Salamanca, este texto resulta de una belleza inmensa porque permite asociar cada palabra a cada centímetro cúbico de ella.
"Todo horizonte ha de alzarse primero en un plano" Si pudiéramos aplicar este concepto a este viaje que es la vida, seguramente naufragaríamos mucho menos.

marcelo

Sonia Betancort dijo...

Gracias, Marcelo, me ha emocionado mucho tu comentario... La plaza debe guardar en algún rincón invisible a todos los que la rondamos, tú eres parte de esa inmensa playa y de sus viajes. Un abrazo!!

Anónimo dijo...

merci por la info, aunque el link era para vos.

Fernando Díaz San Miguel dijo...

Esta mañana en que me levanto tarde y releo tumbado aún los textos dedicados a las llaves de Courtoisie en "Poesía y caracol". Saltar de la cama al ordenador y encontrar tu Plaza, un hilo que lleva de aquellos a éste.

El detective amaestrado dijo...

Recuerdos de mi estancia en esa plaza...siempre me llamó la atención ese culto a la piedra, esa voluntad de trascendencia...Tu texto, tan enorme como de lo que habla

Sonia Betancort dijo...

Mi querido Fer! Muchas gracias por tan inteligente lectura! Un abrazo fuerte

Sonia Betancort dijo...

Gracias, detective, te admiro mucho, y desde esa admiración agradezco doblemente tus palabras. Un abrazo!!

El otro dijo...

La plaza es un bello grano de piedra en la lengua espumosa de un mar lejano, que chupa piedras hasta la nada... el mar no armoniza con la piedra, contención que la limita en su permanecer de movimientos.

Sonia Betancort dijo...

Gracias, Otro-sin-aute. Un abrazo